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EL PARC DE CUIPER ACABA COSTANT-NOS MOLT CAR


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El Parc de Cuiper al final ha costat un ull de la cara. Als 490.366,72 euros del Pla Confiança ara cal sumar-li 600.000 del preu dels terrenys. preu que ha determinat el Tribunal de l’Expropiació en favor dels antics propietaris. Un assumpte lleig, algú hauria d’assumir responsabilitats. En tot cas, és el nou govern municipal de Foios de Compromís-PSOE-Volem qui ha pagat els plats bruts de governs anteriors de PP i PSOE.

EL PERIODICO DE AQUÍ, 22/04/2015:

Foios modifica el presupuesto para incluir 600.000 € de una expropiación

El asunto se remonta a hace 10 años cuando al Consistorio adquirió los terrenos para el Parc de Cuiper

REDACCIÓN
El equipo de gobierno de Foios presentó al pleno una propuesta para la modificación del presupuesto ante la necesidad de incluir 408.000 € destinados a pagar los cerca de 600.000 € de una expropiación originada hace 10 años cuando el Consistorio adquirió los terrenos para construir el Parc de Cuiper.Según fuentes municipales, con la adquisición de los terrenos del actual parque, el Ayuntamiento se comprometió con los propietarios a ceder una reserva de aprovechamiento en otro punto del municipio y tuvo un plazo de seis años para cumplir este compromiso que expiró en 2012. Transcurrido el plazo, los propietarios exigieron la expropiación. “Es muy grave la responsabilidad del anterior gobierno porque el expediente se hubiera resuelto con el ofrecimiento de alguno de los solares de que dispone el Ayuntamiento, y no se tendrían que haber pagado los 600.000 euros que ha reconocido el Tribunal de Expropiación a los propietarios y que el Consistorio ahora se compromete a abonar en los ejercicios 2016 y 2017”, manifestó el alcalde, Sergi Ruiz.

El dinero de la modificación del presupuesto procede de la venta de unas parcelas destinadas a la revisión del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU).
“El Consistorio ha decidido no recurrir la sentencia porque no había ninguna posibilidad de que prosperara el recurso y solo hubiera servido para acumular 20.000 € de intereses al año”, añadió Mari Carmen Cabo, concejala de Urbanismo.

EXPOSICIÓ DE JOSÉ ANTONIO ORTS A ROCA I CÚIPER


L’Associació de Veïns de Roca i Cúiper ha organitzat, coincidint amb les Festes de Sant Antoni, una exposició de José Antonio Orts, qui exposarà per primera vegada al poble que el va vore nàixer. Com diu el díptic, una ocasió, potser única, que ens mostrarà la impressionant trajectòria artística d’un fill d’ací.  Vos enllacem tota la informació:

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LA REPRESSIÓ FRANQUISTA I LA MEMÒRIA DE MATÍES GIMENO ORTS “MASIANO”


La Guerra Civil i la posterior dictadura franquista comportaren milers de drames personals i familiars i moltes injustícies. Una familia de Foios ha trobat per fi la veritat del que li va passar a un dels seus membres, Batiste Garcia Sales, perquè Matíes Gimeno Orts, a qui a Roca i Cúiper coneixem tots com Masiano, ha donat testimoni del que va passar realment. La Llei de Memòria Històrica, que, incomprensiblement encara, tant molesta a la dreta, permetrà un reconeixement encara que siga mínim a este soldat que va morir per l’odi il·limitat d’un brigada cap als valencians, ja que els valencians vam resistir durant la guerra més que ningú i vàrem ser dels últims en caure en mans de les tropes franquistes.

EL PAÍS, 06/02/2011.

El día en que Matías Gimeno decidió contarlo todo

Un testigo ocular revela que el soldado Juan Bautista García Sales, muerto en 1944 en Ceuta, a los 22 años, no falleció de apendicitis como se le comunicó a la familia de la víctima, sino por la agresión de un mando que acosaba a los reclutas por “rojos”

“Era una injusticia muy grande y no se podía hacer nada. La dictadura era un muro inmenso”

“El brigada Tejido le golpeó en la cabeza y empezó a echar sangre por la boca y los oídos. Lo reventó”

MIQUEL ALBEROLA 06/02/2011

Matías Gimeno Orts, rodeado por familiares de Juan Bautista García Sales, sostiene la foto de la víctima a la derecha y la suya, a la izquierda.- JESÚS CISCAR

Ceuta, año 1944. Ser soldado y valenciano en el primer Batallón de Autos de Marruecos era un combinado fatídico. Al general Franco se le había atragantado Valencia. No solo había sido capital de la República entre noviembre de 1936 y octubre de 1937, sino que también había retrasado el avance de sus tropas. La toma de la ciudad llevó ocho meses más de lo que habían calculado sus estrategas. El brigada Tejido, destinado en este batallón, no lo olvidaba. Y descargaba todo su rencor sobre el grupo de valencianos bajo sus órdenes: “¡Rojos de mierda!”, hijos de puta, ¡qué guerra nos habéis dado!”, vociferaba a menudo, henchido de ansiedad.

Bajo aquella presión, el 18 de septiembre de 1944, el soldado Juan Bautista García Sales, de Foios, un pequeño pueblo de la huerta de Valencia, cometió el error de confundir el paso durante la instrucción que realizaba en la explanada del puerto de Ceuta. Y lo pagó con su vida, tras una agonía de 11 días en el hospital militar. El Ejército echó tierra sobre el asunto: comunicó a la familia que había fallecido como consecuencia de una peritonitis derivada de una apendicitis.

Uno de sus compañeros, Matías Gimeno Orts, de Roca, la vecina pedanía de Meliana (Valencia), recibió un permiso de 11 días con el encargo de entregar a la familia del fallecido su ropa y pertenencias. Era su mejor amigo. Batiste, como era conocido por familiares y amigos, había muerto con la cabeza sobre su brazo el día de San Miguel (29 de septiembre) a las siete y media de la tarde, dos días después de haber cumplido 22 años. Matías presenció lo ocurrido y casi 67 años después todavía no ha podido olvidarlo. Ahora tiene 88. Es un labrador retirado que vive el último tramo de su vida rodeado de jaulas con jilgueros, pardillos y verderones, y no quiere morir sin que se sepa la verdad sobre la muerte de Batiste, a quien define como “una bellísima persona”.

“Me acuerdo como si lo estuviera viendo”, rememora, y se levanta de la silla y lo representa con vehemencia. “Estábamos haciendo instrucción. Éramos unos 200 o 250. Íbamos en fila de a tres. Él iba en la fila del medio, delante de mí. Se equivocó en el paso y pisó al de delante. El brigada Tejido [no recuerda su nombre de pila] lo sacó de la fila: ‘¡Alto! ¡Tú, salte de la formación! ¡Ponte firme!’. Le golpeó en la cabeza y empezó a echar sangre por la boca y los oídos. Lo reventó. Nos tenía ojeriza a los valencianos porque veníamos de zona republicana. Había terminado la guerra y aquí éramos rojos. Nos insultaba constantemente”.

Matías lo estuvo visitando en la cama número 83 del hospital hasta el momento de su muerte. Ese día recibió un recado desde el hospital: “Si quieres ver a Bautista vivo, ven, que está muy malito”. A los parientes se les recomendó que mejor no fueran a verlo. Los compañeros pasaron la gorra y pagaron un nicho en el cementerio de Santa Catalina, en el monte Hacho de Ceuta, del que cinco años después, sin aviso, fue exhumado y trasladado a una fosa. Desde entonces reposan allí sus restos con la silueta del Peñón de Gibraltar recortada sobre el mar.

El hombre que lo presenció todo continúa recordando. Cómo vació la taquilla de Batiste, cómo lo metió todo en el macuto. Tras tres tortuosos días de viaje, entregó sus cosas a la madre, entre las que había una pluma estilográfica con la que había escrito la dedicatoria de una fotografía vestido de militar, que mandó a unos amigos. Le abrió la puerta Honorato, un niño de seis años, que estaba con su abuela y su madre, Mercedes, una de las hermanas de Batiste. “Cuando entré en su casa había dos mujeres lavando en un barreño grande. Una de ellas era su madre, Amparo. Me preguntó cómo había sido y yo le dije que del apéndice. Hasta que no terminé el servicio militar y no tuve nada que ver con el cuartel no le dije que en el papel habían puesto una mentirola. Entonces conté la verdad a algunos familiares”, refiere. Pero su madre se lo calló.

Batiste había estado de permiso en Foios un mes antes de morir, por las fiestas del pueblo. Hacía 11 meses que había salido de allí para cumplir el servicio militar. “Era muy guapo” y hacía muy poco que había reñido con su novia, “una chica de Massalfassar”, recuerda su hermana, Rosario García Sales, de 90 años. Ella lo había acompañado a la estación del Norte de Valencia. “Se iba contento. Era muy buena persona”, evoca. “Nos dijeron muchas mentiras. Que estaba muy mal, grave. Luego, dos días antes de morir, que había mejorado. Dijeron que había muerto de una apendicitis, que había tirado un gusano muy largo…”, relata postrada en un sillón con las piernas en alto en su casa de Foios. El cura les trajo la mala noticia y les contó que había tenido “muy buen entierro”. “Mi madre se quedó casi ciega de llorar durante tres meses. Se le cayeron las pestañas. Nos hacía mucha falta porque mi padre había muerto. Éramos siete mujeres y tres hombres, pero él era el único que cobraba un sueldo todos los meses”, justifica.

Batiste trabajaba de mecánico en Ferrocarriles Españoles de Vía Estrecha (FEVE) y ayudaba a sus dos hermanos en el campo. Su padre, Miguel, republicano; su madre, Amparo, muy católica. “Eran la noche y el día”, describe la hermana. Aunque el ambiente en los talleres de FEVE estaba muy politizado durante la guerra, Batiste no había militado en ningún partido ni sindicato: “Era muy joven, no se había metido en nada”. Rosario no supo la verdad sobre la muerte de su hermano hasta que al cabo de varios años se lo reveló su marido, Tonet Palau. Él, que había sido teniente en el ejército republicano y tras la guerra hizo trabajos forzados en el Valle de los Caídos, había sido informado por Matías y otros tres compañeros de Batiste. Pero su mujer no quería saberlo: “No me lo vuelvas a decir, mi hermano está muerto y no quiero saberlo”, le espetaba cada vez que trataba de contárselo.

Tampoco quería saber nada su hermano Vicente, cinco años menor que Batiste, que cambiaba de acera cuando veía por la calle a Matías. “Mi padre rehuía la verdad porque no podía hacer nada”, explica su hijo, Vicent García Devís. “Era una injusticia muy grande y no se podía hacer nada. La dictadura era un muro inmenso. España estaba gobernada por militares y los fusilamientos estaban a la orden del día. Además, era una familia sin recursos, que no hablaba apenas en castellano, sin contactos… No habían podido ir ni al entierro. Ceuta estaba muy lejos. Había que ir en tren hasta Alcázar de San Juan, después hasta Cádiz, luego coger un barco a Ceuta… ¡Era más difícil que ir hoy a Birmania! La familia se quedó con la versión oficial, que era la más feliz”.

Pero con la llegada de la democracia, su padre le contó la verdad: “Me transmitió ese malestar, que es como una herida sin cerrar, y sentí que tenía que hacer algo”. Hace 21 años, Vicent acudió al Ayuntamiento de Ceuta, consiguió una fotocopia del libro de defunciones y averiguó en qué nicho había sido enterrado su tío. Iba con el propósito de recuperar sus restos para llevarlos al cementerio de Foios e inhumarlos junto a los de sus abuelos. “Me los habría traído en una caja de zapatos si hubiese podido”, se sincera. Pero se encontró con que el nicho estaba ocupado por los restos de otra persona: “Por lo visto, los amigos, que debían de tener muy poco dinero, adquirieron una concesión de uso de solo cinco años, pero ni preguntaron a la familia si la quería renovar”. Tras una investigación posterior descubrió que sus restos, “en solo tres minutos”, habían sido retirados del nicho y depositados en la fosa del patio número cinco. “Lo primero que hice fue llevarle un ramo de flores, el primero que podía ofrecerle la familia después de tantos años. Tomé una fotografía y la mostré a mis parientes”, se emociona.

Vicent se sentía impulsado a hacer lo posible para reparar la memoria de su tío. Siguió haciendo investigaciones, “siempre sin decir para qué quería la información, ya que en el ámbito militar todo va gota a gota y siempre te dan lo mínimo”. Así obtuvo el expediente personal de Batiste del Archivo Intermedio Militar de Ceuta, con el documento que el jefe del Batallón de Autos de Marruecos mandó a la Guardia Civil para que, dos días antes de su fallecimiento, comunicara a la familia que el soldado “se encuentra mejorando de la enfermedad que padece”. Y encontró el expediente del hospital militar, cuyo resumen histórico detalla que el soldado ingresó con “apendicitis”: “Presenta fuertes dolores en fosa ilíaca derecha y defensas en paredes. Fórmula y recuentos elevados. 16.600 leucocitos. Intervenido mediante raquianestesia, se encuentra el apéndice en malas condiciones, se le extirpa y se le coloca un drenaje de goma. Se da parte de gravedad por peritonitis consecutiva de apendicitis”. Lo firmó el jefe de la clínica primera de cirugía del hospital Militar de Ceuta, el teniente coronel Enrique Ostale González. Los documentos del cementerio también consignaban que la causa de la muerte había sido una “peritonitis inmediata”.

Matías Gimeno Orts, a la izquierda. A la derecha de la imagen, de pie, Juan Bautista García Sales, el soldado muerto. La fotografía fue tomada el día de la jura de bandera, en los cuarteles de Ceuta.- FOTOGRAFÍA CEDIDA POR LA FAMILIA

Obtener esa información le ha costado años. “Si la hemos conseguido es porque dijimos que no teníamos nada suyo y queríamos algún recuerdo, aunque fueran papeles. De lo contrario, no nos la habrían dado. Son militares y tratan de protegerse”, se duele. Vicent habló de las indagaciones con su prima Charo Palau García, hija de Rosario, que conocía a las hijas de Matías Gimeno y le habían revelado la verdad sobre la muerte de su tío. “Era la historia que nos había contado desde siempre nuestro padre y que tanto nos hacía llorar”, recuerdan Carmen y Amparo Gimeno. Ellas les indicaron que Matías “estaba ansioso por contar la verdad y quería irse de este mundo con la conciencia tranquila”. Vicent y Charo se pusieron en contacto con Matías, quien se vació enseguida ante ellos. “Le dijimos que queríamos recuperar sus restos para enterrarlo con sus padres y cerrar la herida. Que queríamos acabar con la versión oficial y feliz de su muerte, porque la verdad es la única manera de hacer justicia”, apunta Vicent.

Matías les firmó una declaración y además accedió a que le grabaran otra en un vídeo “porque el proceso es muy largo y él muy mayor”. A este material han añadido un escrito con la información reunida sobre el caso, en el que reclaman la recuperación de los restos y la reparación de la memoria. La petición va avalada por 50 firmas de familiares directos en nombre de unos 300, entre los cuales están representadas varias ideologías.

“Es la demanda relacionada con la memoria con más peticiones de España”, expone el representante del Grupo de Recuperación de Memoria Histórica de la Fundació Societat i Progrés, Matías Alonso, que ha asumido la asesoría del proceso de Juan Bautista García Sales. Alonso destaca que se trata de “un proceso especial” y “muy difícil” porque no guarda relación con los casos habituales de memoria histórica, en los que hay uno o varios familiares fusilados. “No es el típico caso, pero igual constituye una vía nueva, ya que abre una perspectiva inédita sobre las condiciones en las que los vencidos realizaban el servicio militar en la época. ¿Cuántos casos más ha habido de chavales que murieron en esas condiciones, como consecuencia de odio político, sin que se le entregara el cadáver a la familia?”, se pregunta.

Él lo conceptúa como “un caso frontera”, porque “se trata de soldados que pagaron el pato del odio sin haber tenido ninguna implicación en la guerra”. “Es un terreno desconocido, pero estamos hablando de derechos humanos, de una familia que entregó una persona al Estado y el Estado no garantizó su integridad”, argumenta. Alonso considera que lo apropiado sería enfocarlo por el derecho de la familia a que se sepa la verdad de lo que ocurrió “con la prepotencia e impunidad de oficiales ante la indefensión de soldados que no sabían ni cuáles eran sus derechos”. En ese sentido, sostiene que el cauce apropiado que debe seguir el proceso es a través del Ministerio de Defensa, y no del de Justicia, ya que “el propio Estado está implicado”. Alonso es muy prudente respecto al desenlace del caso, porque pese a ir avalado por “un testimonio de primera magnitud” tiene un complicado encaje con la Ley de Memoria Histórica, aunque destaca que “los familiares no buscan ningún enfrentamiento, sino, si es técnicamente posible, recuperar sus restos”. Con todo, previene que el caso podría zanjarse con “un memorial junto a la fosa”, con “una reparación simbólica”. Sus familiares lo prefieren a la versión manipulada.

MELÓ “VICENTÍN”: 50 ANIVERSARI


EL MERCANTIL VALENCIANO, 25/07/2010:

VALENCIA FRUITS, 25/07/2010:

Notícies 9, 20/07/2010.

LAS PROVINCIAS, 30/07/2010.

Un melón con pedigrí que cumple 50 años

El popular 'Vicentín' es el producto estrella de una empresa que nació a mediados de los años 40

Hace algunos meses, mi buen amigo Ramón Palomar, me preguntó, «Pedro, para ti que es un producto gourmet». Para mí, Ramón, le contesté, «es aquel producto que aún tenga la capacidad de sorprenderme por su calidad».

En efecto, cuando pensamos en un producto gourmet, nuestra memoria gustativa rebusca en su disco duro y encuentra: angulas, caviar, foie, trufa negra o blanca, salazones, chacina ibérica o el sempiterno marisco. Sin embargo, no buscamos entre productos más humildes. Productos que nos reporten un sinfín de sabores, reconfortándonos con ellos. Productos de los que disfrutemos con intensidad, sin la necesidad de agüerear nuestros bolsillos, guardando nuestros peculios para mejor ocasión; ¿porqué?
Qué no son una delicatesen las naranjas de La Ribera, las alcachofas de Benicarló, los tomates de El Perelló, los espárragos de Lodosa, unos limones de la huerta murciana, o unos buenos melones de ‘piel de sapo’. Si, si un buen melón de nuestra huerta es un incomparable producto para finalizar una buena comida, o para refrescar una mañana en las playas valencianas, gracias a su dulzura y su jugosidad. Un buen melón puede ser comparable a la delicatesen más exclusiva del mundo. Sobre todo si ese melón es de la marca Vicentín; sin duda el mejor melón del mundo.
‘Vicentín’, es el producto estrella de una empresa; Vicente Peris, que desde su aparición se ha preocupado únicamente de ofrecer un producto espléndido. Estos días acaba de cumplir 50 años de historia, medio siglo especializados en ofrecer calidad por arrobas, siendo ésta su única divisa en un producto tan popular como es el melón.
Situados en el Barrio de Cuiper (Foyos), Vicente Peris creó esta empresa a medidos de la década de los años 40. Una zona considerada por muchos como la cuna del melón ‘tendral’, por la naturaleza de sus tierras, clima, agua o cercanía al Mediterráneo; lo que los franceses determinarían un ‘terroir’.
Con la comercialización del melón comenzaron su labor empresarial, una actividad que se vio premiada por el capricho destino, pues hasta Vicente Peris llegaron unas semillas que elaboraban un melón más rico (dulce) y exquisito. Vicente cultivó esta variedad, denominándola ‘Rochet’ por sus tonalidades doradas, dándolo a conocer como el ‘Melón de Cuiper’.
Poco a poco Vicente fue buscando terrenos por la provincia, terrenos los cuales se debían de aclimatar a la nueva variedad, y ampliando hacia el sur: Sueca, Tavernes o Xeraco, o hacia el norte: Almenara, Chilches o Nules. Terrenos y campos que el propio Vicente elegía, y eran similares a los que él cultivaba en el Barrio de Cuiper.
Tres etiquetas posicionó Vicente en el mercado: ‘Peris’, ‘Oro de Cuiper’ y la de mayor calidad ‘Vicentín’. Y para enfatizar más su cariño por esta última marca, la personalizó con la foto de su hijo mayor; Vicente, vestido de torrentí.
Pero a mediados de los ochenta, dos hechos sin duda desgraciados marcan la trayectoria de la empresa. En accidente de tráfico fallece ‘Vicentín’, el hijo mayor de Vicente Peris, y al poco tiempo, y también en accidente de circulación el propio Vicente; caprichos del destino.
Dos hechos que sin duda marcaron la trayectoria inmediata de la empresa, pero que mantuvieron intacta la primera divisa que determinó D. Vicente «La calidad como objetivo constante».
El paso del tiempo no ha hecho sino consolidar a la empresa, pues su trayectoria desde entonces ha sido ascendente, por lo que hay que reconocer que aquella fue acertada, y gracias a ello la empresa ha cumplido estos días los 50 años de historia.
Para ello celebraron en el restaurante Pepico del Barrí de Roc (Meliana) una cata de su melón estrella ‘Vicentín’ con tres vinos de la calidad y exclusividad de: Château d´Yquem, Molino Real y el Casta Diva de Felipe Gutiérrez de la Vega. Una cata dirigida con acierto por Paco Higón (VEREMA), y en la que se demostró lo bien que armoniza, los vinos dulces con este melón.
Gastronomía aplicada al melón
Sin duda el melón con jamón es el plato más popular a la gastronomía aplicada al melón, pero en Pepico nos demostraron que el futuro del melón en cocina es variado y notable.
Con la presencia de Nacho Romero (Kaymus) y la sabiduría de Ana Ferrer; cocinera de Ca Pepico, de la cocina fueron surgiendo platos como: Ajoblanco de melón con sardina ahumada, melón con salazón (hueva de atún), melón con jamón de pato, melón con bogavante, melón con foie, carrilleras con melón, y gazpacho con langostino y tropezones de melón.
No faltaron las conocidas croquetas de bacalao de Pepico; bocados de cielo, de las que Ana es la única responsable. De postre además de melón “Vicentín”, tortas Cristina de almendra.
Pero hay algo muy importante para que la calidad de estos melones lleguen a sus clientes, y que podríamos reducir en estos pequeños mandamientos; los melones son recolectados en su momento óptimo; solo se escogen los primeros cortes; el corte y recolección se realizan evitando el rocío; la carga es rápida; el trasporte es exclusivo, no juntándose con otras frutas u hortalizas; el tiempo de almacenaje es mínimo; la selección es muy rigurosa y para finalizar el embalaje y manipulación es delicado y cuidado.
Por lo qué cuando un melón de Vicente Perís, llegue a sus manos piense en toda la historia que lleva detrás, y disfrútelo como si fuera la mejor delicatesen que haya probado en su vida; porqué sin duda lo es.
LEVANTE-EMV, 01/08/2010:
El oro verde de Cuiper

Vicente Peris cumple su 50º aniversario. La empresa valenciana del sector hortofrutícola mantiene a pesar del mal momento económico el objetivo de la calidad de sus productos. El “Melón de Cuiper” y el “Vicentín” son variedades que la compañía mantiene y ensalza como forma de preservar sus raíces.

NOELIA LÓPEZ ESCARTÍ FOIOS La empresa valenciana Vicente Peris cumple medio siglo manteniéndose en un lugar preminente en el sector hortofrutícula de la Comunitat Valenciana y gozando de una buena posición también en el mercado nacional. Todo un reto en los tiempos que corren. Su origen lo encontramos en el barrio Cuiper del pequeño municipio de Foios (l’horta Nord), un lugar idóneo para cultivar el oro más preciado de la zona, el melón. Bajo el lema La calidad, un objetivo constante, la empresa familiar se han mantenido desde 1960 apostando por la excelencia de sus productos. Sus recetas aseguran el éxito e incluyen también la creación de marcas de prestigio y un servicio personalizado y directo con el cliente. Esas fórmulas le han servido a lo largo de los años para posicionarse y consolidarse en el mercado, permitiéndoles a la vez poder soportar mejor la crisis que algunos de sus competidores.
Fue en los años 40 cuando Vicente Peris adquirió por casualidad una tierra de cultivo que ofrecía una variedad de melones dulces que desarrolló y denominó Rochet, por su color dorado o Melón de Cuiper. La visión comercial de Peris le llevó a extender el cultivo por toda la C. Valenciana y en otras áreas como Almería o Murcia, buscando siempre tierras adecuadas cercanas al mar y donde el clima, el agua y la calidad de la tierra sean las idóneas. Apostó por una selecta marca de melón denominada 18 Quilates con el que logró conquistar los mercados, adquiriendo con el tiempo un reconocido y acreditado prestigio. Hacia 1960 tomaron las riendas del negocio los hijos de Vicente Peris, Rosa y Joaquín quienes continuaron apostando por la exigencia y la calidad que imprimió su padre.
Los administradores de la empresa, en manos ya de la segunda generación, han logrado promocionar otras marcas de calidad, como Vicentin, Oro de Cuiper y Peris, que pronto alcanzaron excelente aceptación en los mercados y que hoy gozan de la máxima distinción. Las piezas que Vicente Peris selecciona se cultivan eligiendo las mejores tierras y aguas por expertos agricultores con los métodos tradicionales, polinizando con abejas y respetando al máximo el medio ambiente. La recolección se lleva a cabo cuando están en el punto óptimo de madurez y azúcar. Se tratan y trasladan con esmero, seguido de una rigurosa y exhaustiva selección, etiquetando con las marcas de alta gama aquellas que realmente lo merecen.

La historia del “Vicentín”
Pero de entre las tres líneas selectas que desarrollaron, la variedad del melón Vicentín es la que tiene mayor valor sentimental para la empresa ya que recibe el nombre del hermano mayor fallecido en accidente de tráfico en la década de los 80. En su etiqueta lleva su imagen, ataviado con un traje de “torrentí” acompañado con el sobrenombre con el que le conocían en su entorno. “Es todo un honor para mi que esta variedad de melón lleve el nombre de mi padre”, afirma Ana Peris, la hija mayor del fallecido. La joven, estudiante de Ingeniería Electrónica Industrial no descarta algún día pasar a formar parte del proyecto familiar.
Cuando le preguntamos el secreto de la dulzura de sus melones, Rosa Peris contesta tal como lo hacía su padre: “por la noche vamos y les ponemos encima un terróncito de azúcar”. Una manera divertida y a la vez sutil para no desvelar su secreto mejor guardado. Y es que el melón es su producto estrella, pero no el único. La compañía también ha diversificado su negocio con productos como la sandía, la calabaza, el apio blanco, la cebolla tierna y el garrofón. A pesar de que su mercado objetivo siempre ha sido el doméstico, de unos años a esta parte ha ampliado su oferta y llega a Francia y Portugal.

Clientes ilustres
La empresa familiar valenciana tiene entre sus clientes importantes restaurantes y fruterías Gourmet en toda España. Entre los más conocidos figuran el restaurante El Celler de Can Roca (4º mejor del mundo en 2009), Felix Palacios (proveedor de fruta de la Casa Real) o El Club del Gourmet de El Corte Inglés.

BLOG DE VEREMA.COM:

Vicente Peris: 50 aniversario de una marca valenciana emblemática
Los 3 vinosCon el título “Enlazando virtudes: 3 grandes vinos junto al melón de Vicente Peris”, tuvo lugar un evento el pasado martes día 20  de Julio en el restaurante Ca Pepico, en el barrio de Roca-Cuiper (Meliana), donde se ubica también está emblemática empresa hortofrutícola. En dicho evento se celebraba el 50 aniversario de la empresa Vicente Peris, S.A.

Aunque la familia Peris llevan trabajando la tierra y conociendo al máximo los productos hortofrutícolas de la huerta Valencia durante generaciones, no sería hasta1960 cuando nació la empresa Vicente Peris, S.A. Durante estos 50 años sobrevivieron a crisis, a cambios en los mercados y a duros avatares personales sin perder un ápice de dedicación a su negocio, habiendo logrado que la marca Vicente Peris, y más especialmente la marca “Vicentín” se identifique con la gran marca de melones. Prueba Los melonesde ellos es que es fácil encontrar este producto en algunos de los más laureados restaurantes españoles y en importantes establecimientos de productos gourmet.

En el evento participó Rosa Peris, gerente de Vicente Peris, una mujer en un sector donde este tipo de responsabilidades suele estar en manos de hombres. Rosa dirige con acierto y determinación la empresa. También estuvo Pepe Ferrer, sumiller y ‘alma mater’ del Restaurante Ca Pepico, una de las personas que más empeño ha puesto en que este más que merecido homenaje. En tercer lugar intervino Vicente Alcaide, ingeniero agrónomo especialista  en el cultivo del melón, gran conocedor del producto y de sus cualidades, que hizo una amena y enriquecedora intervención, y, finalmente, un servidor, Paco Higón, que llevé a cabo  una cata armonizada el un melón Vicentín con 3 grandísimos vinos dulces.
Rosa Peris y Pepe Ferrer
El acto, que dirigió y moderó Pepe Ferrer, tuvo tres partes,  en primer lugar la exposición de Rosa Peris, imprescindible para entender lo que representa la Vicente Perís y cómo ha llegado contra viento y marea ha ocupar su privilegiada posición en un mercado tan difícil y competitivo. Por su parte con la charla de Vicente Alcaide creo que muchos aprendimos una manera más profunda de apreciar un producto como el melón, ahora cada vez que abro un melón lo veo “con otros ojos”. Ya para concluir hicimos la “cata” de un melón Vicentín. Por mi parte fue una experiencia enriquecedora…. Y aunque no tendría sentido que cada vez que abrimos un producto de máxima calidad hiciéramos una cata organoléptica en profundidad… lo cierto es esta ‘disección’ que me permitió apreciar cualidades y características de producto en las que nunca me había detenido. Tras catar el melón procedimos a una cata de 3 grandísimos vinos dulces basada en la afinidad de esto melones gourmet con los vinos.

Los participantes en la mesaComenzamos por el ‘rey de los vinos dulces’ un Chateau d’Yquem de 1991, la complejidad en estado puro, incluso en una añada ‘menor’ sorprendió a muchos de los asistentes que disfrutaban por vez primera  de un “Yquem”. A continuación le llegó el turno a un elegantísimo Molino Real 2001, espectacular su evolución con una finura enorme. El cierre del maridaje lo hizo un maduro y voluptuoso Casta Diva Cosecha Miel 2000, con un marcado carácter mediterráneo, resultó, para mi gusto, el vino que más “encajaba” con el melón.

Acabada la cata todos los presentes disfrutamos de una serie de mini-platos diseñados porNacho Romero (Restaurante Kaymus) y que giraron en su totalidad en torno al melón, así como de un excepcional jamón, con un magnífico corte por parte de Lázaro….. y ya bien entrada la noche, dejamos el barrio de Roca-Cuiper con la suave brisa del mar que comenzaba a refrescar el ambiente…..

Muchas felicidades a Vicente Perís, S.A. … ¡y que cumplan muchos más!

PD: Quisiera agradecer la generosidad de la Compañía de Vinos de Telmo Rodríguez y deGutiérrez de la Vega que aportaron generosamente sus vinos, además de añadas largo tiempo fuera del mercado, y me consta que les resultó difícil atender nuestra petición de vinos ‘antiguos”.